domingo, 29 de abril de 2012

La Teoría del Espacio-Tiempo-Histórico de Haya de la Torre


Mi familia paterna ha sido Aprista, históricamente. Lo cual generó que no me mantuviera alejado de un curioso interés hacia las ideas de Haya de la Torre, obviamente por voluntad propia y sin nada de influencia de mi padre, quien con mucha sabiduría me dio la libertad de elegir muchas cosas por mí mismo, una libertad que muchos hijos no tienen; él sólo se limitó a contestar y aclarar mis dudas, en base a su conocimiento y sus experiencias acerca del Aprismo, cuando yo le preguntaba.

Mi acercamiento más profundo hacia las ideas de Haya fueron en los estudios generales en letras de la Universidad, donde profundicé un poco más sobre la teoría del espacio-tiempo-histórico y la mirada del continente latinoamericano como una realidad autónoma en la historia universal. Esto se complementó con un libro, que me regaló mi mamá por mi interés en la Ciencia Política, “Filosofía y Política en el Perú” de Augusto Castro, y por otro libro, una segunda edición de “El Antimperialismo y el APRA” de Haya de la Torre, regalo, más reciente, de Víctor Raúl Caballero, amigo mío y colega de la Facultad de Derecho.

Aunque, comparto con muchas personas la idea de que el APRA de nuestros días ha devenido en un Partido con muchos malos elementos que lograron degradar su imagen de una manera general, debemos saber diferenciar las cosas y no generalizar este pensamiento de manera incorrecta. Al margen de esto, lo que me interesa resaltar en estas pequeñas líneas es un aspecto interesante del pensamiento de Haya de la Torre: La teoría del Espacio-Tiempo-Histórico.

Con esta teoría, Haya de la Torre quiso responder a la pregunta previa a cualquier plan de acción de un Frente o Partido: ¿Dónde ubicar a Latinoamérica –un pueblo-continente distinto a Europa- en la Historia Universal? Luego de haber determinado esto a lo que llamó “Consciencia Histórica” recién se puede fundar el proceder práctico de un Frente o Partido Político.

Así, Haya, partiendo de la teoría hegeliana sobre el devenir y enriqueciéndola con la perspectiva física de la teoría de Einstein sobre la relatividad, señala que “el tiempo y espacio son dos conceptos filosóficos fuertemente vinculados a las ideas de evolución histórica, de dominio del hombre sobre la Naturaleza, vale decir de la realidad social y económica” (Castro 2006: 39). A estos planteamientos, Haya amplia señalando a la relatividad histórica como la continuidad dinámica de “coordinación universal de procesos, inseparables cada uno de su propio Espacio-Tiempo y movimiento que actúan y se influyen entre sí” (Castro 2006: 40).

Hasta este momento, Haya estableció el Espacio-Tiempo-Histórico, pero añadió una cuarta dimensión: la reflexión subjetiva del tiempo. En este sentido, Haya tras describir que existe una visión objetiva del tiempo la descarta y se queda con la perspectiva subjetiva: “intuición y sentido del tiempo individual y social vinculados consciente y funcionalmente al modo de vivir, trabajar, pensar y desenvolverse de los pueblos” (Castro 2006: 41) que se traduce en que la “Consciencia Histórica” exige al “individuo de construir, en un momento y en un lugar determinado, su propio destino” (Castro 2006: 42).

En este sentido, se puede señalar que Haya de la Torre establece que la sociedad en cada momento (Tiempo), en cada lugar (Espacio), en cada periodo (Historia) y, a través de sus individuos (Reflexión subjetiva), deberá ubicar su Espacio-Tiempo-Histórico para poder tener un plan de acción determinado. Así, se introduce el concepto de “Consciencia Histórica” como comprensión de un Espacio-Tiempo-Histórico determinado, al cual debe apuntar tanto el Perú como el continente latinoamericano; de esta manera, Haya señala que se debe

“ubicar nuestro problema económico, social y político en su propio escenario y no pedir de encargo para resolverlo, doctrinas o recetas europeas como quien adquiere una maquina o un traje… No reincidir en la palabrería demagógica de nuestros comunistas y fascistas criollos que sólo producen hasta hoy ‘lugares comunes de la mayor vulgaridad’” (Haya de la Torre 1936: XXV).

Sólo luego de esto, se podría elaborar un plan de acción; es decir, que Haya intenta llegar a la “Consciencia Histórica” del Perú y Latinoamérica (su pueblo-continente) para elaborar luego el plan de acción del APRA. Así, Haya señala que

“el APRA sostiene que antes de la revolución socialista que llevaría al poder al proletariado –clase en formación en indoamérica-, nuestros pueblos deben pasar por periodos previos de transformación económica y política y quizás por una revolución social –no socialista- que realice la emancipación nacional contra el yugo imperialista y la unificación, socialista, vendrá después. Vendrá cuando nuestro proletariado sea una clase definida y madura para dirigir por sí sola la transformación de nuestros pueblos, pero eso ocurrirá mucho más tarde” (Haya de la Torre 1936: 85).

Según Haya de la Torre, en la época en la cual escribe esta teoría (el gobierno de Leguía y la intromisión norteamericana), señala que la tarea histórica era: “luchar por la soberanía nacional y llevar al poder a nuestro Partido para procurar desde el poder, la unión política y económica de nuestros países, formando un bloque, federación o anfictionía de Estados contra el opresor común” (Haya de la Torre 1936: 86). Es decir, la idea de Haya de la Torre era que todos los pueblos latinoamericanos seamos un bloque contra el opresor del periodo histórico en el que se ubicaba: Norteamérica.

De esta manera, es posible entender que los postulados básicos o programa máximo del Aprismo sean: la acción contra el imperialismo yanqui (que luego eliminó, en clara evidencia del Espacio-Tiempo-Histórico, la delimitación que hace referencia a Norteamérica), la unidad política de América Latina, la nacionalización de tierras e industrias, la internacionalización del Canal de Panamá y la Solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo (Haya de la Torre 1936).

Las ideas de Haya de la Torre, en ese tiempo, se podrían agrupar en dos ideas centrales (una vigente como la original, pero otra que debe ser actualizada y revisada): de un lado, el Perú y Latinoamérica tienen un Espacio-Tiempo-Histórico determinado diferente a Norteamérica o Europa y cualquiera de sus componentes porque no tuvimos el mismo desarrollo económico, político y social que estos últimos; por otro lado, en ese tiempo el Perú y Latinoamérica debían luchar contra la injerencia del Imperialismo Yanqui (Norteamérica) por las circunstancias políticas y económicas de la época en el Perú: el oncenio de Leguía y la intromisión norteamericana.

Es obvio que el primer postulado sigue siendo, y lo seguirá siendo por siempre, vigente y real; puesto que la historia del Perú y el continente de América Latina siempre será la misma, salvo por el futuro, que aún se puede definir. En concreto, la teoría y fundamento están planteados. Sin embargo, en la época actual donde tenemos consolidado un aparato económico capitalista y un fenómeno de globalización en pleno apogeo, el segundo postulado debe ser actualizado, revisado y adaptado a esta nueva situación porque el “imperialismo” ahora ha tomado formas incluso de ideología sobre los modelos de vida; Haya estaba consciente de esto pues en la época de los 40’s y en los 60’s se inclinó a apoyar al Gobierno Norteamericano contra el “imperialismo nazi”, en la segunda guerra mundial, y contra el “imperialismo ruso”, en la guerra fría, pues consideró que estos imperialismos eran más dañosos contra los pueblos del mundo, concordando la interpretación de las máximas del APRA ante las nuevas circunstancias del Espacio-Tiempo-Histórico en cada periodo.

Debemos observar que la teoría del Espacio-Tiempo-Histórico es el fundamento filosófico sistémico en el pensamiento de Haya de la Torre; es decir, que analiza el fundamento del proceder de pueblos-continentes o Estados.

En la actualidad, es casi imposible hablar de un Antimperialismo extremista como el de los años 30; en este sentido, sería paradójico que García siquiera se atreviera a señalar que “El aprismo debe impulsar un crecimiento continuo y descentralizado con el objetivo de convertir al Perú en el país líder de la economía sudamericana y darle mayor peso en la escena mundial” (García 2008: 120), lo cual necesariamente conlleva a lidiar con capitales, inversiones e incursionar el mercado no sólo norteamericano, sino también europeo y asiático. Así, lo que debe hacer el Perú en este “periodo” de globalización, desde una relectura de la Teoría de Haya, es “saber tratar con el capital extranjero” (García 2008: 121). Igualmente, se debe hacer una revisión de lo que se llama “nacionalización”; puesto que el mismo García ha dicho que

“en este proceso de modernización, el Perú necesita superar los temores, a la inversión nacional o externa y cancelar definitivamente las tendencias estatistas que el extremismo busca mantener, porque el estatismo conduce al parasitismo social que acostumbra a la sociedad a esperar y exigir todo del Estado evitando la superación y el esfuerzo al mismo tiempo que reduce la inversión y la competitividad tecnológica” (García 2008: 121).

Así, en el periodo tiempo-espacio-histórico actual, la reflexión subjetiva del Perú y Latinoamérica es la búsqueda del progreso en una economía capitalista global, en la cual la comunidad internacional está inmersa; para esto, según la Teoría de Haya, el Perú debe concentrarse en dos aspectos fundamentales conexos: continuar la presencia y crecimiento económico del Perú en el panorama mundial, que es una situación estable desde el comienzo del siglo XXI (Shifter 2008); pero para lograrlo se debe reforzar los aspectos internos –trabajo, educación, seguridad, entre otros- para que los individuos puedan lograr insertarse en este mercado mundial, debido a la globalización; sin embargo los detalles de este plan de acción actual rebasa el tema de estas líneas y es tarea debida de los verdaderos Apristas actuales, pero era necesario dejarlo mencionado.

En este sentido, en mi opinión, la Teoría de Haya de la Torre sobre el Espacio-Tiempo-Histórico es el aspecto más importante e interesante de la teoría política-filosófica de este pensador peruano; la cual, al estar basada en ideas filosóficas hegelianas y físicas einstenianas es susceptible de ser usada en cualquier aspecto de la realidad y las áreas del conocimiento, aunque originalmente se planteen para el pensamiento político.



Bibliografía

CASTRO, Augusto
2006                Filosofía y Política en el Perú. 1ra edición. Lima: PUCP.

GARCIA, Alan
2008                La Revolución Constructiva del Aprismo. Lima: S/N.

HAYA DE LA TORRE, Víctor Raúl
1936                El Antimperialismo y el APRA. 2da edición. Santiago: Ediciones Ercilla.

SHIFTER, Michael
2008              El Perú Globalizado: Éxito Económico con Fracturas Sociales en Pasara, Luis - “Perú en el Siglo XXI”. 1ra Edición. Lima: PUCP.

martes, 31 de enero de 2012

El Derecho a la Verdad

Fotografía de la Colección Yuyanapaq

Publicado en el "Diario del Cusco" (Página 6 - Opinión), el 31 de enero del 2012.
Por: Javier André Murillo Chávez
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Yo nací en una época donde el terrorismo aún se encontraba en las calles y los traumas se encontraban en el corazón de la gente, incluida toda mi familia. Tuve la suerte de no tener conciencia en esos años para vivir, o más bien dicho sufrir, todo lo que hicieron en aquellas épocas los miembros de ese demonio llamado “Sendero Luminoso”; sin embargo, escuché, leí y aprendí por mis padres, abuelos y, finalmente, por mi Universidad lo que significó aquella época.

Tengo a mi costado, mientras escribo estas líneas, mi libro “Hatun Willakuy”, la versión abreviada de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, que he revisado para distintos artículos y trabajos; así como para ejercer mi Derecho a la Verdad. ¿Qué es esto? Dejemos que nuestro Tribunal Constitucional aclare esta duda:

“(…) el Derecho a la Verdad, en su dimensión colectiva, es una concretización directa de los principios del Estado democrático y social de derecho y de la forma republicana de gobierno, pues mediante su ejercicio se posibilita que todos conozcamos los niveles de degeneración a los que somos capaces de llegar, ya sea con la utilización de la fuerza pública o por la acción de grupos criminales del terror. Tenemos una exigencia común de que se conozca cómo se actuó, pero también de que los actos criminales que se realizaron no queden impunes. Si el Estado democrático y social de derecho se caracteriza por la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad, es claro que la violación del Derecho a la Verdad no sólo es cuestión que afecta a las víctimas y a sus familiares, sino a todo el pueblo peruano. Tenemos, en efecto, el derecho a saber, pero también el deber de conocer qué es lo que sucedió en nuestro país, a fin de enmendar el camino y fortalecer las condiciones mínimas y necesarias que requiere una sociedad auténticamente democrática, presupuesto de un efectivo ejercicio de los derechos fundamentales. Tras de esas demandas de acceso e investigación sobre las violaciones a los derechos humanos, desde luego, no sólo están las demandas de justicia con las víctimas y familiares, sino también la exigencia al Estado y la sociedad civil para que adopten medidas necesarias a fin de evitar que en el futuro se repitan tales hechos” (Fundamento 17 de la STC EXP. N.°  2488-2002-HC/TC).

Así, este es un derecho, pero sobre todo un deber. Un deber que tiene todo peruano de enterarse de su pasado y el de su país; deber mucho más fuerte para aquellas personas que osen hablar del tema y emitir una opinión al respecto. Es por esto, que es indignante el surgimiento de grupos que profesen o, simplemente, apoyen las bases e ideologías del Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso, dígase Movadef y cualquier otro análogo que pueda surgir. Estos grupos no deben ser calificados sólo como un desfase histórico en la evolución social de nuestro país y su gente; sino que debe ser denominado como lo que es en realidad: la materialización pura de la ignorancia en la que vive la población joven del Perú.

El Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, en mi opinión crítica, tiene errores propios de la limitación que su propia misión traía consigo. Un ejemplo es la denominación incorrecta de “grupos subversivos” a grupos terroristas organizados que vociferaban luchar contra el gobierno a nombre del pueblo, pero que, en realidad, terminaron masacrando al pueblo por el que decían pelear de las maneras más crueles que uno pueda imaginar. De esta manera, por más críticas que se le pueden hacer a la Comisión de la Verdad y Reconciliación – sólo siempre y cuando estén fundamentadas-; no se puede negar el importante valor que tiene este informe al ser un documento de referencia histórica, investigada durante mucho tiempo y con mucha cautela, sobre lo que pasó en aquellos días del terror colectivo.

Como lo dije al inicio y recalco, si bien no viví aquella época aprendí por mi entorno (familia y estudios superiores) lo que significó ese aspecto tan tenebroso e infeliz de la historia de nuestra patria. Recuerdo, sólo a modo de ejemplo, las historias narradas por mi abuelo Víctor Manuel acerca de la violencia que se vivió en la ciudad del Cusco, de donde provengo: como en la época más violenta del terrorismo, cuando mi querida madre se encontraba estudiando en el Colegio María Auxiliadora que quedaba a cuadras de la plaza de armas del Cusco, él tuvo que vivir la trágica experiencia de llevar a mi mamá corriendo, cargada en brazos, en medio de un tumulto y caos con explosiones que se llevaban a cabo en plena plaza principal de la ciudad; de igual manera, cuando lo secuestraron por unas cuantas horas en su propio carro llevándolo a las afueras de la ciudad encañonado y esposado, para luego robarle y abandonarlo; así como cuando a pocas aulas de la suya cuando ejercía de profesor en la Universidad San Antonio Abad del Cusco, mataron a un colega suyo en la Facultad de Ingeniería.

Así, aunque en Cusco se producían menos actos de terrorismo que en otras zonas de la sierra como Ayacucho, siempre existía el peligro de encontrar coches-bomba en cada esquina, grescas en cada calle; se vivía con miedo por los perros muertos colgados en cada poste, las pintas y banderas rojas alabando al “presidente gonzalo” o  venerando al “PCP-SL”. Fueron tiempos difíciles que muchos de mi generación nacidos al final de esta época de conflicto o posteriormente desconocemos.

Debemos recordar que en aquella época ocurrieron diversos atentados masivos en la sierra de nuestro país como el perpetrado en Lucanamarca –Ayacucho- donde se eliminó a 69 personas incluyendo mujeres y niños. Sin embargo, al Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso no le basto, actos como ese fueron el inicio. Así, Sendero Luminoso empieza a efectuar los diversos atentados en Lima, la capital, siendo el más fuerte el ocurrido en la calle Tarata en el distrito de Miraflores, donde hubo más de 20 muertos y más de 100 heridos; en nuestro país centralizado, tuvo que ocurrir esto para que se comience la búsqueda y ataques selectivos a este grupo terrorista.

Otro aspecto importante de la historia es que si bien el principal responsable de todo el conflicto es el Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso, debemos recordar que no sólo hubo actos de violencia desmedida por parte de los terroristas, sino que también las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional cometieron actos que pueden ser denominados como “violaciones a los Derechos Humanos” (violaciones sexuales, masacres de sospechosos, tortura, etc.); sin embargo, cabe también analizar, aunque no sea justificante, la precaria situación en la que tenían que enfrentarse estos hombres a terroristas confundidos entre la población, sin contar con una preparación mínima para controlar una situación de tal magnitud.

De igual manera, no debemos olvidar que hubo tres gobiernos (Belaunde, García y Fujimori) en los cuales se cometieron más errores que aciertos en materia de gestión pública y táctica antiterrorista. Así como al gobierno del APRA le tocó vivir la peor parte del conflicto –sumado a su pésima gestión por la hiperinflación y la terrible política de estatización-, el corrupto gobierno del dictador Fujimori fue el que cometió más abusos con la táctica de combate selectivo –teniendo como ejemplos la matanza de La Cantuta y Barrios Altos- (los cuales conocí leyendo el libro “Muerte en el pentagonito” de Ricardo Uceda) cobrando la vida de muchos inocentes.

Todos estos datos quedan en la memoria de los “viejos”, el poco interés de parte de los jóvenes en nuestra historia es predominante; esto me hace pensar que las generaciones siguientes, en su totalidad, simplemente no sabrán nada de lo que pasó y los grupos como el Movadef seguirán apareciendo, tratando de entrar al ordenamiento legal encubiertos usando la ignorancia de los jóvenes, así como cuando Abimael Guzmán uso los centros educativos para reclutar a sus simpatizantes de entre los más jóvenes en los ochentas.

23,969 peruanos muertos o desaparecidos identificados, en base a testimonios, y 69,280 peruanos muertos o desaparecidos, estimados en base de cálculo sistemático, son las cifras que otorgó el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación; si se piensa bien –aunque sean datos con un margen de error- es un número inimaginable de muertes y, peor aún, desapariciones. Han sido muchísimos los atentados e, incluso, quedan historias que ya están en el olvido por la falta de evidencia. Los grupos como el Movadef surgirán de este olvido, ocultando su verdadero sentido y encubriéndose en formas legales. Debemos entender nuestro pasado para comprender nuestro presente y mejorar en el futuro. La desinformación y el olvido son la gran amenaza actualmente, sólo nos queda ejercer el Derecho a la Verdad para combatir ese repugnante episodio de la historia del Perú y lograr que nunca se repita.

Fotografía de la Colección Yuyanapaq

jueves, 8 de diciembre de 2011

Mi paso por el Daly, Otero & Flórez



La Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú te plantea el requisito de hacer un año de prácticas pre-profesionales; este año asumí el reto de empezar a completar el año que se me exigía. Finalmente, terminé realizando sólo seis meses y medio de esta tarea por lo complicado de los horarios de la Facultad y por el horario requerido para un practicante de área procesal de algún estudio.

Cuando un alumno deja de serlo y se convierte en un alumno practicante pre-profesional se ve inmerso en un cambio de paradigma muy complicado; es el paso del dúo “universidad-vida sociofamiliar” a “trabajo-universidad-vida sociofamiliar”; y, en cada caso más complicado, mayores responsabilidades, como en mi caso: “trabajo-universidad-vida sociofamiliar-extracurricular”. Sí, este año fui practicante pre-profesional del área procesal de un estudio de abogados -el Estudio Daly, Otero & Flórez-; llevé cuatro cursos nada fáciles de cuarto y quinto ciclo en la Facultad de Derecho de la PUCP; fui un hijo, enamorado y amigo provinciano cuzqueño que vive lejos de su familia, que intenta llevar bien todo; y, además, fui Director de la Comisión de Publicaciones de la Asociación Foro Académico, un trabajo para nada simple y muy reconfortante.

En este caso, hablaré de mi paso por el Estudio Daly, Otero & Flórez; tiempo que marcó mi vida y que no podía dejar pasar sin dedicarle algunas líneas. Especialmente sabiendo que muchos en el estudio son lectores de este espacio personal.

Llegué al estudio Daly “sin querer queriendo”; en realidad, había postulado, para empezar a practicar, a algunas de las opciones que me ofreció la Bolsa de Trabajo de la Universidad y un buen día llegó la llamada de Milagritos, secretaria del Daly, quien me citó a la “Av. Garcilazo 2410 en Lince, altura de la cuadra 7 de Javier Prado Oeste”. Nunca había escuchado de este estudio, pero eso no quitó mis ganas por la postulación y la entrevista.

El día de mi entrevista me preparé para las clásicas preguntas de “¿En qué te quieres especializar? Dime tres defectos y tres virtudes, ¿Cuánto te falta para egresar?, ¿Por qué estudias Derecho?”, etc. Sin embargo, el Doctor Juan Carlos Puertas, quien sería mi jefe por casi siete meses, me entrevistó de una manera muy peculiar… “Veo que estas entre cuarto y quinto ciclo, bueno entonces dime ¿Qué es un negocio jurídico? (2do ciclo), ¿Cómo se constituye una hipoteca? (2do ciclo), Dame la diferencia entre una cesión de derechos y una subrogación (3er ciclo), ¿Cuáles son los métodos de resolución de un contrato? (4to ciclo)”. Ante esto pude contestar casi todas las preguntas y agradecí tanto a Dios como a mis padres por permitirme estudiar en la mejor Facultad de Derecho del Perú.

Luego de la entrevista, descubrí el Daly. Un estudio pequeño, en el sentido de “familiar”, en crecimiento. Un estudio ideal para cualquier estudiante que quiere empezar sus prácticas aprendiendo; un estudio en el cual siempre hay algo que hacer; un estudio en el cual podías conocer a todos sus miembros. Muy diferente a cualquier boutique legal donde conoces sólo la fotocopiadora, tu escritorio y a los cinco “gatos” de tu área.

Fue una decisión mía, a pesar de estar contra la opinión de mi padre, empezar a practicar en el área procesal de un estudio de abogados; desde el punto de vista general, el área más “warrior” para un practicante pues se necesitan diversos conocimientos sustanciales y formales; de igual manera, se pueden tener que realizar diversas tareas de procuración, nada más ni nada menos que, en Lima, la capital, donde hay un clima espantoso y existen más de 15 distritos judiciales separados por más de 30 minutos de camino en diferentes buses e, incluso, en moto-taxis.

Estudiar y trabajar es el reto más difícil que me ha tocado enfrentar; sin embargo, salí ileso del mismo: un promedio aceptable y sólo un par de errores en mi primera práctica pre-profesional. Debo señalar que aprendí mucho en esta práctica, tanto derecho civil como derecho procesal; he comprobado en carne propia lo completa que es una práctica en procesal, pero, también he descubierto que no podría dedicarme toda mi vida a esta área.


En verdad, este año será inolvidable gracias al Daly. Agradezco mucho a todos los que me enseñaron en esta primera gran experiencia profesional que tuve. Agradezco al Doctor Juan Carlos Puertas, mi jefe, por encargarme hacer una demanda o un informe desde el inicio, y no simplemente sacar copias u ordenar expedientes; por compartir su interés por el Derecho Procesal conmigo y enseñarme su experiencia en esta área, así como en la labor profesional y ética de un abogado. Luego de un tiempo, en mi clase de Teoría de la Prueba, un curso electivo de procesal en que tuve que juntar varios conocimientos de procesal, entendí que cada exigencia, dato, consejo e, incluso, cada llamada de atención valieron la pena.

Agradezco mucho a Benito, procurador del área, quien me enseñó muchas cosas de la calle que jamás hubiera aprendido sólo; por siempre estar dispuesto a alegrarnos la tarde con sus ocurrencias y chistes, que fueron un gran alivio ante el estrés de muchos días. Por enseñarme que el Derecho consiste en “buscar justicia maestro”, nada más.

Agradezco también al Doctor Alex Carnero por compartir los temas de mi interés de su área: Propiedad Intelectual y Competencia, como Contratos y Protección al Consumidor; por sus consejos y su gran apoyo tanto anímicamente como académicamente. También debo agradecer a los doctores Ricardo Otero y Germán Flórez, socios del Estudio, que siempre me ayudaron cuando tuve alguna duda en su estudio.

De igual manera, agradecer por esta experiencia a mis queridos amigos Brian, Gustavo, Chino, Felipón, José, Pili, Milagritos y el Chino 2; pues sin ustedes mi estancia en el Daly no hubiera sido lo mismo.

Estoy muy ansioso de ver que me depara mi futuro profesional; sin embargo, por el momento, he decidido concentrarme en mis estudios para poder terminar de manera sobresaliente los mismos; después de haber analizado a profundidad el sistema de calificación de la Facultad de Derecho de la PUCP y el desfasado plan de estudios, he llegado a la conclusión de que es imposible terminar en seis años la carrera, uno de los motivos es la imposibilidad de llevar siete cursos por ciclo, como esta previsto, con los mejores profesores y sobrevivir en el intento, esto es mucho más difícil si se practica, debido al excesivo horario requerido para el trabajo. Nunca olvidaré mis días, semanas y meses en el Daly, pero por ahora sólo debo estudiar…

Diseño del artista cusqueño Jorge Flores Najar, mi querido Tío.